con piedras lisas y frías en los pies desnudos
entre violines viejos y fuego interno
de luz y de sombra caían las letras lentas
sobre el piso, rosando el vientre de la parda tierra
en el exacto punto donde nacido habías
en el minuto justo en el que yo de morir, moría
también lento, disperso y abundante
con el pecho hinchado y la sangre en giros
con los versos en beso, y la boca impresa
en las mismas palmas selladas en par
en las mismas notas que jamas terminan
volvían crepitando las caricias sobre el manto
natural de tu cuerpo yo volvía cansado y sonriendo
con la vista al tacto de mi sofocante acenso
eran temblores tiernos sacudiendo las rodillas al paso
de mi recorrido ciego por los campos renacidos
y saludaban al paso naciendo flores en tu espalda
levantando los ojos solicitando un verso, un canto
un susurro y la dedicación plena de un segundo entero
huracanes, huracanes y tormentas por mi envueltos
no eran mas que el fruto cierto de la espera
de mis libros y de la paciencia de mis manos
había soportado tanto el galope de mis pies durmiendo
y las mil visiones del corazón corriendo al encuentro
desbaratadas ya estaban mis alas hace cien meses
y con el pecho congelado la pena echaba tantas raíces
que cultive sin querer desazón interna para llenar los mares
suficiente; suficientemente exhausto de la soledad adquirida
del luto eterno por la sonrisa y la boca perdida
ahora yo venia a vivirme, venia
y ahora volvía yo de entre montes y tierra sin nombre
de noches convexas y caminos cruzados por esqueletos
y descendiendo sobre un segmento de tu reflejo sobre la fuente
flores y brotes, y cantos y sueños dirigidos por ti, me daban la bienvenida
Espectacular.
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