pensé - es como en las películas - y a pesar
de estar tan triste sonreí.
La calle 21 era larga de noche,
mucho mas pasadas 12
con todos esos gatos gordos y el humo que salia del suelo
-recuerdo ahora el asfalto mojado y centellando por faroles pausados-
Ibas haciéndote pequeña allá mas lejos,
hacia abajo al final de la avenida
y la música ya comenzaba a ser irritante,
pensé demasiado otra vez y me la gano el odio
(otra vez)
la deprimente escena, la paupérrima calle, la melodía
de negros músicos melancólicos, era todo como un cuadro barato
de esos con simplones corazones rojos, rosas y chocolates en una cajita con forma
de musculo cardíaco ficticio.
-Que asco; había encontrado el sino perfecto del amor de tele,
de estampilla, de novela insípida, de poema huevón escrito por poetas huevones
que se regocijan de placer escuchando algo bizarro y escribiendo
mil veces la palabra dolor . .
-Te ibas . .
Recuerdo haber buscado calma acomodando los guantes a mis dedos,
solía hacerlo desde pequeño para escapar de una mala cara.
Yo vestía de traje esa noche, llevaba incluso mi sombrero negro, ese que jamas uso
aplaudí dos o tres veces y reí como demente, solo faltaba decir: adiós señorita . . .
maldita perra, te ibas y esto era horrendo, tal cual una película gris.
sentí escalofríos y cuchillos masajear mi espalda ganas de salir corriendo
ponerme lentes oscuros, o gritarte alguna grosería . . nada era del todo útil.
Que corto tiempo duro el letargo, tu sobre mi cama peinando tu cabello, luego
acá en mi pecho reposando, anclada, en paz. no fueron ni dos semanas (se que fueron dos años, pero no parecía ser cierto)
es realmente un parpadeo todo lo que llamamos amor y pasión,
lamentablemente nos quedan solo los recuerdos como escombros heredados, untados todos en vinagre esos perduran tanto . . (escupí al terminar de decir eso. frases preparas de actor principal, filosofía barata, todo resulta obscenamente idiota cuando estas parado mirando como idiota).
Alcé la vista ya no te veías bajando al horizonte, había comenzado a llover de nuevo
como en todo día negro en que el planeta incluso sabe poner las escenas perfectas y las palabras mas deprimentes en la boca con el afán de culminar su maestra obra.
Di la vuelta (no tenia caso seguir ahí de pie, nunca lo tuvo en realidad) y sonreí mirando el suelo, hable de amor suficiente como los malos poetas, los unicornios y las doncellas.
prendí un cigarrillo en honor del dolor, de los idiotas,
del amor feo y pretencioso y de ti, que ya debes estar sentada en un bus
camino al campo. . .
Perra!
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