sábado, 13 de abril de 2013

Cuero vivo

He venido a dífuminarme con el sol, a gritar sobre el altar
he llegado para ser uno con los mares, para unir destinos que veo
como lineas alborotadas en el lodo. He venido a ver hacia mis adentros

para salirme del macabro juego y de las risotadas sanguinarias
para saborear la tierra y las hojas secas entre mis molares compungidos
quiero probar ponzoña y dormir mil años más antes de ascender decapitado

a la llegada anterior de mis huesos a este lugar, al arribo de los conceptos
la realidad material, materia realista, realeza fiera de las uñas marcadas en el cuello
del dolor brotando de los codos de los perros metamórficos, de las aves vacías

la tempestad zumbante de las moscas obesas. La muerte visitando los cipreses.
Si el humeante suelo viscoso de estas calles hambrientas y agrietadas
no fuese consuelo suficiente para al alma cansada de los viajeros, tengo insectos escondidos en los bolsillos

y la nuca destapada a la saeta musical de los cementerios sonrientes
y el corazón apuntando al norte de los infiernos volcánicos, y la espalda en cruz
y el verso expuesto al látigo del deseo sexual y la frustración austera

He de llegar cantando a la tundra ardiente de los pensamientos extremos
sentiré la carne propia perseguida y apretada, como el cuero sacado de bestias negras que aun aúllan
que aun apestan a monedas manchadas, a vestidos percudidos, a amor comprado

podre llegar, podré. La vista llega mas allá de donde se piensa perdida la luz de la vida
Yo no he querido cerrar los ojos al degollarme lento con alambres, he visto la profundidad de la mandíbula
de piedra y casi podría jurar que sus besos son delgados como las limitaciones de una virgen

Que sus aromas son sinceros y potentes como el nardo donde cae el cuerpo tras el balazo
existe hay en lo profundo de la poco conocida pena universal, la caricia trémula y prometedora
del hueso roído, del tiempo mudo y caprichoso. La verdad lo prefiero, mil a mil, eso que ver tu cara amoratada con la asfixia de la vida rosa.