De caminos trizados, pintados de verdes, tristes y negras fibras
con escalinatas oh madre tierra, como partituras vacías, celdas de petroleo
[y yo seco.
Yo, trapo perdido en el suelo mas inalcanzable, subiendo las manos apenas
intentando palparlas, soñando comerlas, pero vuelan, tan lejos tan azules y duras
de esas sendas de la creación nonata, de la rapidez caustica del reloj:
quemaste mi piel decías, dolor placentero, tumbos decías
Aturdido, mi mesa quieta, mis papeles ya amarillos, chillidos, roídos
masas lluviosas, ser tempestuoso y nebulosas privadas flanqueando mis cienes
[y yo seco.
La mire, en tinto, con tragos amargos de la misma botella, repasada como fotos
en penumbra agobiante, y su luz, su quiebre, esta vez no pudo, no se hizo consigo solo
no hubo apertura de flores, ni palmas selladas, ni pechos untados de sudor como tantas veces
esta vez vino a repetirse silencio, trepo mi silla, mi cuarto, tu costilla mía preferida; y nada
La totalidad de la perdida, con los reglones intactos, con las puñaladas fallidas, el arma rota
y su cara, su clavícula de leche se aleja, no desaparece, pues se queda sonriente, parada a lo lejos para que la vea, para que comprenda la distancia, para que desarrolle nuevas clases de dolor por ausencia; y yo nada, yo calmo, yo inútil, yo sin cuescos, raíz, ni frutos. Yo llorando
[y yo seco.