sábado, 13 de marzo de 2010

"cosmopolitan"



rostros oscuros se acercaban a mi
como aglomeraciones de pequeños túneles circulares, los había delante y por los costados también, creo haber visto por detrás incluso algunos dar vueltas como moscas,
sus pieles eran diversas, haciendo honor a la diversidad de las avenidas, pero había sombra, no tanto en su cuerpo, sino en su faz, me parecieron todos iguales, algunos eran ancianos, otros altos y niños también, pero la similitud de su semblante nublado y profundo, emulando casi a la noche mas lejana, despertaba en mi la idea de que solo eran copias de un original en diversos tamaños.

me escabullí por una grieta, uno de esos pasadizos mohosos que la gente de ciudad suele definir como calles y recorrí derecho por un sendero angosto, me pareció ser el único en el mundo abarrotado por el silencio mas perfecto, un silencio extraño, de esos que la urbe caótica desconoce. a los hombres buscaba entonces, a mas de ellos, quería cerciorarme de que no todos tenían aquel semblante pétreo, encontrar una cara familiar tal vez?
es increíble como esa palabra siempre me provoca escalofríos como por arte magia, el flujo punzante en la espalda y las oraciones que no puedo puedo codificar en mi garganta me producen dolor, o mas bien nausea, como horrendas fotos de tiempos que odias, tiempos que rezas para que no vuelvan

ensimismado en mis pensamientos, y oculto dentro del abrigo llegue a una esquina, un sitio adornado por construcciones viejas donde se encuentra un bar desteñido por los años el cual suelo frecuentar. observe que seria una buena decisión refugiarme del viento invernal y entre, ademas podría yo reconocer a alguien y compartir un vaso de vino en esa deprimente armonía de los momentos efímeros.

ya dentro y con casi dos vasos y medio en las sienes recordé que el inicio de mi trayecto fue el deseo de ver el rostro de esos hombres, aclarar mis dudas y saber si realmente sus caras eran siempre las mismas
y de hecho así fue, el mesero, el tipo que limpiaba el suelo, los chicos del diario, un sujeto de terno azulado que enrollaba el clave del teléfono publico como si su atención se volcara completamente a eso mas que a la llamada de quien podría ser hasta su agónica madre, todos eran idénticos, el mismo tono, la misma ausencia de ojos y de expresión. imagenes repetidas en la televisión, en el diario, canciones y romances plásticos vendidos al por mayor. la plaga mas terrible azota mi amada tierra, pensé
los hombres no son mas que clones de otros hombres originales, tomaron malos modelos y el producto de la producción en masa de humanos discretos es nefasta, los mismo sueños, las metas y los cuentos para los niños que de a poco van creciendo a esta tendencia, vi generaciones planas como enormes lonas con esporádicos destellos de fugases locos de pieza y sotabanco, porfiados y malogrados obsesionados con la idea del potencial colectivo, sabemos muy bien que el camino sin alfombra tiene poca sensualidad y palabreria para convencer, que se prefiere el centro del vaso, el punto menos malo del drama, la catarsis del enfermo terminal.


un demente hace sonar la alarma muda de su maquinación mental intentando despertar a quien sea del letargo, lo analiza todo y en relatos bizarros escritos de madrugada desahoga el jugo ácido y neuropsicosenimental de un cerebro trastornado.
sentí ganas de arrancarme la piel a tirones, transpiraba gélidas gotas de angustia necia cuando asustado mire mi reflejo en el vaso de tinto y me vi oscuro, tal cual el resto
encontré el consuelo ante la obviedad de que el color del merlot daba aquel sádico efecto
fui al baño, sudaba
remoje mi cara y al espejo de frente a mi
otro túnel mas sin ojos.

inconcluso cuento loco, como disparo sin destino

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