cuanto mantuve maltrechas manchas sobre esta piel plegada
yo solo pedía arrodillada, a gritos en la plaza dromedaria:
"curame de espanto esta amargura cotidiana de cal y barrial"
mira cuanto llevo atado al lomo,
las marcas no fecundas de mi pecho y mi vientre
son horrendas cavernas, sanguinolentos carriles del miedo mudo
de las noches azotada, del olor a alcohol barato y sudor agrio
de estas mujeres abandonadoras del nido
de esos hombres del trabajo y el puño
llevo años, siglos odiando estas casas, estas calles y sus murallas
los animales cuadrúpedos y bípedos que me saludan babeantes
curtidas mis capaz y las capaz del alma
la rapaz pena que acecha en lo alto, esta estancia y esta vida raquítica
he visto morir ya mi reflejo en la artesa y el jabón
en el espejo de este lejano mundo de apariencias y viajes
cuervos, cuervos sueño a diario
despierta o muerta los veo ahí, con los ojos abiertos, las pupilas clavadas
y los picos abiertos, extrañamente dentados y fétidos
esperando la caída, la vulnerabilidad de un día
en el que yo por demencia abandone sufriendo la escoba
y corra cantando, rasgando mis vestidos, directo a la pradera
jalando mis pelos y rasguñando mis senos
increpando al cielo por este piso, este nido y este féretro.
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