jueves, 2 de septiembre de 2010

Kelün Antü




Inagotables piedras amontonadas en la casa
similares en la expresión sepulcral de sus rostro
como testigos mudos de los percances de noviembre
y no por valientes menos agazapadas tras el canelo

jugaban de cuando en cuando a construir fortalezas
emanando sabor a tierra y agua disparada
jugaban a chocar unas con otras intentando ser orquestas
desconociendo al silencio, y al olvido separadas

las cogí con mis manos madre mas de una vez y las lancé
con rabia o alegría, diferencias no halle y me disculpo
no se cuando fue menos juego o mas real nuestra opción vital
no se, ni menos entendí las llamas en la esquina de los indios

arrojabanse clavelitos con susurros carcomidos
brotando entre dientes haciendo vibrar los pétalos pesados
y banderas, pues de mi tierra yo alejado me comprendía
y que no había, que no existía, que no merecían mas mis días

y germine podrido mala hierba de petroleo viscoso
de cara al sol emergí con marcas de hierros en mi frente
horrendo; disparates matutinos y mi rostro en sonrisa herida
como venado volvía entonces encorvado a la madriguera

en las casuchas y las casitas mas descentres de esta gente
que tan distante pareciera ser de las praderas del kultrun y el hueso
en las sombras de sus chosas lloran las mismas lagrimas a los indios
que con la columna retorcida mastican sus rodillas cenicientas

las manos mías también fruto del mal trago añejo
llamaban mas la sangre hacia la tierra y hacia el cielo
gritando: mirad!, que así salgo sana y vuelvo a casa a contra fuerza
pues del cuerpo ya talado y estancado mas no quiero tres tristezas

elevación de las plumas y las palmas de barro y coagulo hacia el alto
sol decían con los poros incluidos y sol miraba hacia playa fallecido
con la gracia hurtada de la maldad pura apuñaláis la tierra que se os ha dado
y con mas barbarie volvéis todavía la vista sin pudor, para solicitar que todo sea trasmutado

desenfado, desenfado yo venia vuelo alzando
y sorprendido en un descenso inesperado me encontrado
con la tierra que hace años nos a amado, santiguado
rebosante de charquitos de vergüenza y desencanto.

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