jueves, 9 de septiembre de 2010

Cuento Viejo

Haciéndose rutas sobre esta yerma tierra
pies trazantes de caminos dirige la estrella
van anclados y subterráneos como raíces
surcando semillas, roca y arenas surcando

como en el mar cíclico mil veces reencarnado
levitando las ideas van dispersas hacia el sol
en escenas como estos días, repetidos hasta el final
en el manto de aguas que bailan, todas juntas al dejavú llamando

al unisono un tronar de huesos y espinas encontradas
de sangre y agua hirviendo bajo el mantel de la madre
en las venas trenzadas kilómetros, años antes del templo y el libro
se dejan leer de vez en cuando los códigos del grito de los montes

las columnas de humo que poblaban mas allá del horizonte
emergiendo de las manos de los hijos del hombre
de los nietos del tiempo, con sus cuerpos tornasol pintados
y sus caras con las mascaras agradeciendo los favores

bebiendo el cause completo de la fuente de la vida
aferrados a la teta del ancestro de estos dioses infantes
nos encontrábamos unidos de las manos con los brotes coagulados
con los tallos y los troncos, con las golondrinas y los peces

y cayendo el sol de la noche en plata pura
conocimos los deseos de correr tiñendo el mundo con cabellos y escopetas
abandonado el nido a la mitad de aquella época primaria
olvidamos el sabor del seno, la suavidad de las manos y los ojos del trigo

y hacia mas allá entonces la marcha emprendimos
desnudos, aprendimos del frió y del hambre, lo aprendimos a la perfección
moldeando las canillas y los huevos cervicales a las sillas
conocimos los sonidos secos del acero y el trabajo.

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