Afuera la sombra de las horas y
las cadenas galopantes de aire frió
que como astillas ingresan al fondo a rozar los huesos
con la electricidad de su toque silencioso
yo he visto bajo la luz de estos astros vagabundos
nacer alfiles delgados en la tierra
emergiendo de este suelo marrón reseco
buscando con sus cumbres raras la mirada cenicienta de la luna
pequeños pilares acuden dispersos en el manto
y son doncellas coloridas bailando quietas un ritmo parco
nocturnas flores insomnes sorprenden mis pupilas
otorgando al viento el vaivén seductor de sus capas
¿de que lugar sepultando han recibido el llamado del tambor,
para dibujar su silueta propia donde nadie celebra el natalicio?
en estos pasos del reloj sin ojos, en estos segundos de las nucas en el lecho
brotan las almas de estos vástagos sin afán de gloria lejos de la vista de los vivos
retoños, hijos del anonimato, de las casas cerradas y los prados soñando
aun sin descansar!, pues soñando son palpitantes segmentos de un respiro infinito
sus cabezitas ignorantes del aplauso y del asombro nos miran dormir
sin romper cristales, sin soplar trompetas sin parafernalias solo arrojadas al existir
estrellas de colores surreales engendradas, aborígenes de esta tierra
con el canto grueso de la noche morena, con los riscos y las piedras lisas
con los tallos, las orugas y la calma observan, ríen mudas como fotografías
que nadie vera, que nadie retrata en letras, pues nadie llorara levantado las manos a la noche.
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