las horas se hacen eternas
desde mi ventana hay luces que se callan
voces que mueren retrocediendo
de gritos que caminan en reversa
hasta volverse pequeños hilitos que enmudecen
como ríos prehistóricos hacia la tumba
como la sangre en las venas de los muertos
la tarde encuentra la forma perfecta
para caer lenta sobre el cemento
y el tiempo se ha detenido en su punto exacto
en el roce primero de su cabeza contra la tierra
en el vistazo ultimo de dos que se despiden para siempre
de un mano cabalgando en ascenso cierto hombro
de un beso nuevo escondido de todos
las horas se vuelven pesados flujos invisibles
como elefantes de aire que repletan las calles
de esta ciudad sonámbula y quejumbrosa
de estos paisajes fracturados que extrañan la lluvia
entonces en un batir de alas, en un mover de platos
la noche como tinta a caído sobre el estanque
silenciosa, cayendo igual desde los inicios del mundo
hay un mar entonces, en todos, llegado con las sombras
y es un ejercito de pequeños silencios acumulados
una materia rebosante que se expande sin presionar
que no complica las estructuras de estos edificios ajados
pero modifica la respiración al pasar por los costados
de señoritas ciegas de sol, de caballeros entumecidos de costumbre
de las palabras que se dicen sin pensar, de las mentiras
y reina la noche en las almas de las cosas, en los engranes de las gentes
y tu yo nos miramos con las bocas que se funden, con los sellos abiertos de par en par
y arriba las caricias esperan su momento, la señal y el ataque final
en ese instante hay pactos implícitos que se entretejen en dos cuerpos unidos
en las canciones que brotan de las aves que sueñan (lenguaje nocturno)
en mis formas de hablarte de la vida, de los escritores que odio por que quiero ser uno
de la magia cotidiana que te enseño en las cosas que miro y son un montón de estupideces
y entonces te veo, te veo entre las sombras y eres tan parte de ellas
que creo saber justo el punto exacto en el que te volviste un híbrido de irrealidad y carne
un ser sorpresivo y quieto, un animalito de piedra y nardo, un solo soplo en mi espalda
te observo y sonríes entonces, y el mar devora el borde de tu cara sobre la cama y lo devuelve
en un ritmo casi hipnótico, entre el caos y la paz más cierta, entre el fin de mis dedos y las rocas
hagamos un pacto de verosimilitud, hagamos de cuenta que la noche es infinita y se ha detenido
verás, tenemos mi ventana, tenemos la noche y este pequeño trozo de realidad paralela;
donde tu sonríes y yo callo -donde sigues acá conmigo, donde somos horas eternas.
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