miércoles, 5 de junio de 2013

Una habitación

Cuatro paredes y contemplando el mundo
sentado sobre la baraja de los dolores
conociendo el plan y saboreando
el ideario y el espejismo de las sombras

aquí donde gobierna la pena y el vació
quisiera golpearte y gritar tantas veces al día
que las tormentas y montañas parecer palidecer
todo pierde su sentido. Todos son fantasmas

mi habitación asediada por las preguntas
con su esencia enraizada en el silencio  
me recuerdan las paredes a la muerte
a las caras tristes que acuden secas a un funeral

el comienzo, la explosión y el génesis de las cosas
vuelan sobre mi cabeza, zumban sus alas vetustas
cuando me recuesto antes del almuerzo y me cuestiono:
por el alma, la fugacidad, la espalda de mi madre, mis hermanos

me duelen en las costillas las luces siniestras
son como industrias funcionando entre verdes humos
y el sol! el sol muerde y no es distinto a este reducido lugar
mi habitación carcome, mi habitación es el mundo!

Que vació me invade, los colores me sofocan
el suelo se me sube a la cabeza con sus manchas
me veo dando vueltas como un insecto prehistórico
una larva de ropa que llora, una princesa envejecida

Quiero sacarme las manos y resolverme el pecho
cuando es de madrugada e ingresan los perros a mis sabanas
quiero tener un lazo y un pilar para reposar y no demolerme
quiero ser materia incorpórea que atraviesan enjambres sin picar

Sobre el final de las horas
cuando me caza el alba con los ojos putrefactos de insomnio
escucho cantos gregorianos al brotar la estrella
y me tiemblan las rodillas cuando me evocan el infinito y los relámpagos

tiemblo y me desespera la apremiante respuesta
la de comprenderme solo y diminuto, la de verme arrodillado
en un rincón vinagre, en el estomago de las gentes aglutinadas
como un tumor, un feto morado, un suspiro agónico guardado en el cerebro.

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