martes, 27 de abril de 2010

Oleo




Aquel hombre volvía cada noche pasadas las doce a ese mismo lugar
entre la soledad de la calle durmiente avanzaba hacia una pequeña banqueta bajo un árbol en una plaza olvidada. Se sentaba y encendía un cigarrillo estacionado solo frente a todo ese silencio y situando la mirada hacia la pileta central se sumergía en una especie de ensueño interminable.
De niño solía acercarme a la ventana procurando no despertar a mi madre y lo observaba durante largo tiempo, había algo extraño en él que llamaba mi atención, no era simplemente la rareza de su practica, si no la precisión con la que acudía sagradamente a su encuentro con la nada, era como si esperase durante el día entero solo este momento para vivir, como si aguardase junto al reloj añorando la hora cero.
intente varias veces preguntar a los vecinos sobre aquel extraño hombre, si lo conocían o algo, pero ninguno de ellos lo había visto jamas siquiera, nadie, entre mas de 30 familias, creí que me mentían e intente descifrar la interrogante de sus apariciones, comenze a pensar de pronto que aquel era un fantasma, un recuerdo antiguo que se negaba a relegarse al olvido o tal vez fuese un maniquí que cansado por una jornada entera de pie tras el escaparate, salia a pasear un poco por la esquina y el boulevard. De muchas maneras busque, pero las respuestas siempre eran esquivas, y el hombre misterioso de camisa blanca y pantalón oscuro, seguía presentándose diariamente en la penumbra, era desconcertante la manera sobrehumana con la que mantenía la misma postura, su dedicación hacia el silencio y su vista fija en el agua; que estará pensando? me decía, sera quizá el dolor quien no lo deja ser normal y doblar por la calle anterior hasta el lecho como todos los demás? abra perdido tal vez el rumbo hasta la mujer y los hijos, y la cena caliente, y el fuego y la vida del té?, o sera simplemente un agobio constante, un nudo en la garganta o una mujer indiferente?. Trate tantas veces de esperar al amanecer para verlo partir y adivinar quizá su destino, entender un poco con su paso el sentido de su obstinación, pero cada noche a la misma hora, de cuclillas frente a la ventana me derrotaba un sueño brusco que solo el alba en la cara despistaba.

no volví a verlo nunca más y la verdad, tras un tiempo perdí el encanto, como todo en la vida, ahora escribo, o eso intento, sentado en una banca en una plaza, pensando en ti y buscado un mejor verso, para el próximo fugaz encuentro. ..

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